http://photos1.blogger.com/blogger/7442/2375/1600/blog1.0.jpg(otra portada) El sur: noviembre 2010

miércoles, noviembre 10, 2010

La hermandad de San Miguelito en Ixtacomitán, Chiapas

Iglesia Principal de San Antonio Las Lomas, Ixtacomitán, Chiapas. (México,2010).
En medio de ese año turbulento iniciada por la revolución, el 9 de junio de 1911 el matrimonio de Román Sánchez y María Fausta Díaz tendrían a un niño al que llamaron, Patrocinio, llamado así en honor a su abuelo nacido 40 años atrás.
Patrocinio Sánchez Díaz, habría de convertirse durante más de casi 60 años en el líder espiritual de toda una región, guiado por una cajita parlante y un santo diminuto tallado en madera de San Miguel Arcángel, conocido como San Miguelito, que lo mismo curaba enfermos graves, pronosticaba calamidades o servía de consejero familiar.
Durante sus primeros años, la vida de Patrocinio parece haber transcurrido en la Ribera de La Trinidad, luego en la selva inhóspita de las monterías de Tenosique en Tabasco, a donde su familia emigró en busca de un mejor porvenir, puesto que pasada la revolución que liberó a los mozos de las fincas, no tenían tierras propias para trabajar. En las monterías solo encontraron más explotaciones y miseria.
Convertido en un joven, Patrocinio Sánchez Díaz regresó a Ixtacomitán sin haber asistido jamás a una escuela, o al menos a la instrucción primaria. Nunca aprendió a leer, ni a escribir. Su huella del pulgar derecho sería su sello distintivo en los documentos oficiales.
Con el tiempo, pudo comprar algunas propiedades en la antigua Finca La Trinidad de Ixtacomitán, ahora en manos del sucesor de Gregorio María, Emilio Pastrana.
Para ese tiempo, su padre Román había muerto y su madre muy joven aún, había vuelto a contraer matrimonio con un “enganchado” de las monterías de nombre Vidal. Así, se asentaron en la colonia Emiliano Zapata, distante a una legua del pueblo de Ixtacomitán.
Sin embargo, los movimientos anticlericales impulsados en el sureste por el gobernador de Tabasco, Tomás Garrido Canabal, con fuerte influencia en la región de Pichucalco tuvieron consecuencias devastadoras para la familia de Patrocinio Sánchez, que profesaba la religión católica, en los años treinta del siglo XX.
El propio Patrocinio Sánchez, recordaría tiempo después, que durante la época de la quema de santos de Garrido, no les permitían profesar su religión en la colonia Zapata, e incluso, sus viviendas les fueron destruidas, por lo que, tuvo que abandonar el pueblo y refugiarse en las montañas de la ribera de la finca La Trinidad, donde tenía una pequeña parcela de cacao.
Fue durante esa época que su fe a San Miguel Arcángel se consolidó por influencia de algunos “espiritistas” de Soyaló, que marcarían para siempre su vida y su influencia en la región. Al parecer, los espiritistas legaron al joven Patrocinio, una ancestral tradición de la caja parlante de San Miguel.
Fue así que en las montañas de la ribera conocida como El Carmen San Antonio, el joven Patrocinio comenzó a dar consultas con la cajita del “san miguelito”, mismo que se comunicaba a través de unos cables conectados a un receptor-una especie de teléfono- que dictaba recetas, consejos o pronosticaba el futuro inmediato de quien lo consultara. Las consultas debían hacerse en días específicos sobre todo los jueves y viernes. Nadie más podía tener contacto con la caja.
La popularidad de don Patrocinio y de la caja de San Miguelito había crecido tanto en los pueblos vecinos de Ixtacomitán, como El Escobal, Santa Catarina, Zapata, El Arenal y en los pueblos de Chapultenango como Guayabal Esquipulas y Volcán Chichonal, que tuvo la necesidad de “bajar de las montañas de su parcela de cacao” para dar consultas en un lugar más cercano a la gente.[1]
Para ello, Patrocinio- que había recién cumplido 35 años de edad- recurrió a viejos lazos estrechados durante la época de las fincas y de la montería como la familia Solórzano y Soberano, para convencerlos en realizar una transacción de compra venta de tierras para construir la ermita de San Miguel Arcangel. Con las familias habría de emparentarse familiarmente, luego de algunos fracasos matrimoniales con dos mujeres.
Así, promovió la compra de dos hectáreas de tierras conocidas como El Carmen San Antonio - de la ribera de La Trinidad- propiedad de los hermanos, José Guadalupe, Eustaquia y Antonia Soberano, valorada en 200 pesos, donde antiguamente se sembraban 200 árboles de cacao.
El 28 de julio de 1946, Patrocinio, a través de su junta católica que había creado al que denominó Hermandad de San Miguel Arcangel, logró convencer y reunir a 17 jefes de familias dispuestas a irse vivir a los acahuales de El Carmen San Antonio, pero sobre todo, cooperar para la compra de las tierras y construir la ermita de San Miguel Arcangel. Por supuesto que nadie dudo en seguirlo, dado los milagros demostrados por San Miguelito.
Casi un año después, las 18 familias, encabezadas por Patrocinio Sánchez, “Don Tocho” como lo conocerían más tarde, concretarían la compra de las dos hectáreas. Así, el 30 de agosto de 1947 se formalizaría la transacción ante el Presidente Municipal de Ixtacomitán, Mario Contreras. Al poblado lo bautizarían como San Antonio Las Lomas, por encontrarse en medio de unos lomeríos entre San Catarina y la finca La Trinidad, entre Pichucalco e Ixtacomitán.
A partir de ahí, durante casi sesenta años, Don Tocho sería el líder espiritual de los Soberanos, los Solórzanos, los Ordoñez, los Rodríguez y los Hernández. Cualquier decisión debería consultarse a San Miguelito, a través de don Patrocinio.
Pronto el poblado cobró fama entre los pueblos vecinos, mientras se erigía la ermita. Hasta San Antonio Las Lomas llegarían decenas de familias para consultar sobre algún mal padecimiento, alguna enfermedad o para conocer el designio de su cosecha agrícola.
Para consolidar su poder espiritual y congraciar a San Miguel Arcangel, don Patrocinio instituyó el 9 de junio de cada año, como el día de la fiesta tradicional del pueblo en el que habría de venerarse a San Miguelito y no el 29 de septiembre como marcaba el santoral católico. De acuerdo a sus familiares, el 9 de junio, era el Santoral de don Patrocinio, digamos que sería su fiesta a modo personal, a la que invitaba a amistades de pueblos vecinos.
Un hecho trascendental que modificó la cotidianidad del pueblo de San Antonio Las Lomas fue la llegada masiva de familias zoques a raíz de la erupción del Volcán Chichonal en Chapultenango, que devastó decenas de pueblos y la cabecera municipal de Francisco León, en marzo de 1982.
La noticia más importante de San Miguelito, habría sido precisamente el pronóstico de la erupción del Volcán Chichonal, revelado a un grupo de familias que consultaron a la cajita, días antes del desastre.
Al respecto, Reyes Gómez y Villasana Benítez, (1990.Pág. 95), relatan que ante la amenaza latente de la erupción del Volcán Chichonal, “debido a los temblores que cada vez eran más frecuentes e intensos, un grupo de vecinos de las colonias El Volcán y Esquipulas Guayabal consultaron la caja parlante para que pronosticara la fecha del evento y qué deberían hacer ante tal situación. Dicha consulta se llevó a cabo y el vaticinio fue que para finales de marzo o a principios de abril de 1982 tronaría el cerro”.
Y en efecto, la primera erupción del Volcán Chichonal ocurrió la noche del 28 de marzo de 1982, seguida con réplicas para los primeros días de abril.
Enterado por la cajita parlante de la erupción, don Tocho como se le conocía en la región, pronto ofreció de “buena “voluntad” a las familias seguidores de San Miguelito en Guayabal Esquipulas y Ejido Volcán Chichonal municipio de Chapultenango, a quienes visitaba frecuentemente, un pedazo de tierra para construir sus viviendas y con la anuencia de quedarse a vivir ahí por tiempo indefinido.
“Don Patrocinio advirtió previamente a sus seguidores que si decidían abandonar a su santo, enfermarían irremediablemente y si volvían para ser atendidos, San Miguelito, furioso por el abandono, no los sanaría, tal y como estaba sucediendo en los nuevos asentamientos.”[2]
Pronto, San Antonio Las Lomas se convirtió en uno de los principales refugios de los damnificados del Volcán. Las familias, huyendo de las cenizas y las piedras incandescentes, habilitaron los pasillos de la capilla como dormitorio y cocinas. Otro más, construyeron decenas de casas de cartón y caña.
Muchos habían llegado con la creencia de que ahí no pasaría nada, pues, los protegía San Miguelito, aunque la estrategia de don Patrocinio parecía radicar en concentrar el mayor número de familias damnificadas, pues solo así, las autoridades del Gobierno llevarían al pueblo de San Antonio más servicios públicos, como la mejoría del camino, que en tiempos de lluvias se convertía en un verdadero lodazal.
“Un aspecto muy importante que anotar es el hecho de que los damnificados del volcán estarían obligados a prestar un día de trabajo gratuito al año en los cacaotales de don Patrocinio (dueño de la propiedad); del cacao que lograran cortar en un día, deberían entregar el producto seco, listo para comercializarse, además del pago anual de mil pesos por jefe de familia, por concepto de contribución”.[3]
Al principio, la convivencia entre antiguos pobladores y los recién llegados se tornó difícil. Un primer problema fue el abastecimiento del agua que se hizo cada vez más demandante, la falta de empleo de algunos obligó al robo de leña y frutas en las haciendas vecinas provocando conflictos con los propietarios, y en algunos casos, la lengua nativa de los zoques fue motivo de enredos y malos entendidos, puesto que muchos de ellos, apenas comprendían el idioma “castilla”. (Español)
La educación primaria fue motivó de diversas fricciones en San Antonio Las Lomas. Por un lado, el Instituto Nacional Indigenista instaló una escuela primaria con maestros indígenas despertando el recelo de los pobladores y maestros nativos.
Por otro, la escuela federal existente continúo operando de forma precaria hasta el quinto grado, que amenazaba con cerrarse por falta de alumnos y maestros. Don Patrocinio esperaba que ésta última fuera reforzada con los nuevos estudiantes zoques y por ende, vendría más ayuda del gobierno. No fue así.
No obstante las diferencias culturales, en un par de años los nuevos pobladores adoptaron la idiosincrasia de don Patrocinio, aceptaron su liderazgo y contribuyeron a cuanta petición solicitara San Miguelito. Desde sus fiestas anuales hasta los tequios para la mejora del camino que conducía a la colonia Zapata o la aportación de mano de obra para la culminación de la iglesia grande de San Miguel Arcángel, situado en el centro del poblado. En un fin de semana, terminaron la fachada principal de la iglesia.
Incluso los jóvenes cineastas Juan Francisco Urrusti y Ana Piñó visitaron el poblado para documentar la historia de la erupción del Volcán Chichonal y la vieja leyenda de la Piowechuwe. Ese día, filmaron la capilla de San Miguelito y a su actor principal, don Patrocinio Sánchez, sentado en los pasillos de la capilla, junto a los zoques descalzos, recién llegados a San Antonio.
El documental “Piowechuwe, la vieja que arde”, habría de ganar el premio Ariel al Mejor documental testimonial del Festival Nacional de Cine Documental y Cortometraje de México en 1987, documental que don Patrocinio jamás vio.
En tanto, Don Tocho adquirió fama de médico, curandero, católico tradicionalista, milagroso, autoridad moral y política del lugar, que lo mismo sanaba enfermos graves, aconsejaba, daba recetas médicas a través de sus secretarios Domingo Gómez y Pedro Ordoñez, pronosticaba males o representaba al pueblo en los actos de los políticos que visitaban el lugar. Era pues, un líder espiritual, guiado por San Miguelito.
Sin embargo, la convivencia y la cohesión que había logrado don Tocho, pronto llegaría a su fin. Por un lado, los zoques comenzaron a quejarse de los excesos de don Patrocinio por las cooperaciones económicas, imposiciones para las celebraciones de San Miguelito, la idea de fraccionar en lotes y reordenar las casas construidas y de unificar las dos escuelas primarias existentes en el poblado serían los detonantes para un conflicto interno que terminó con la salida voluntaria de la mitad de las familias zoques en 1991.
El poblado se desmanteló prácticamente y con ello el poder de don Patrocinio, a los 80 años de edad, que enfrentaba no solo su vejez, sino la disminución de los creyentes de San Miguelito.
El dominio y la hegemonía de don Tocho llegó a su fin con su muerte en 1992 y con ello, también la tradición de San Miguelito. Actualmente, la cajita parlante se guarda en la capilla de San Antonio Las Lomas y su destino continúa siendo incierto.
(Fragmento. En proceso de investigación. Fermín Ledesma Domínguez.)



[1] Entrevista a Patrocinio Sánchez Solórzano. Ixtacomitán, Chiapas. 17 de Septiembre de 2010.
[2] REYES Gómez Laureano y Susana Villasana Benítez. Centro de Estudios Indígenas. Universidad Autónoma de Chiapas. Anuario CEI. Vol. III. 1990. San Cristóbal las Casas. Pág. 99.
[3] Ibídem. Pág. 98.

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